Elías Prada Galán

El piano cuántico. Fragmentos de libros olvidados, que no deberían estarlo

EL JEFE

En 1696, el matemático suizo Johann Bernouilli retó a sus colegas a solucionar una cuestión irresoluble, llamada el problema de la braquistocrona; o sea determinar la curva que conecta dos puntos, desplazados lateralmente uno de otro, a lo largo de la cual un cuerpo caería en el menor tiempo posible bajo la única acción de la gravedad. Bernouilli fijó al principio un plazo límite de seis meses pero lo alargó hasta un año y medio a petición de Leibniz, uno de los sabios principales de la época y al hombre que inventó, independientemente de Newton, el cálculo diferencial e integral. El reto fue comunicado a Newton el 24 de enero de 1697 a las cuatro de la tarde. Antes de salir a trabajar a la mañana siguiente, Newton había inventado una rama de las Matemáticas totalmente nueva llamada cálculo de variaciones, la utilizó para resolver el problema de la braquistocrona y envió la solución que, por deseo de Newton, fue publicada anónimamente. Pero la brillantez y la originalidad del trabajo delataron la identidad del autor. Cuando Bernouilli vio la solución comentó “reconocemos al león por sus garras”. Newton tenía entonces cincuenta y cinco años.
(C. Sagan, “Cosmos”)

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