Elías Prada Galán

El piano cuántico. Fragmentos de libros olvidados, que no deberían estarlo

¿ES LA REALIDAD DEMOCRÁTICA?

Ahondando en el comentario anterior, podemos pensar en diferentes niveles de conciencia. El nivel de conciencia de un recién nacido, de un niño, de un adolescente o de un adulto. El nivel de conciencia de un indígena de una tribu no contactada del amazonas, de un pescador analfabeto de indonesia, de un científico de la NASA o de un catedrático de metafísica. El nivel de conciencia de un psicópata, de un esquizofrénico, de un autista, o de un místico. El nivel de conciencia de un borracho, de alguien que ha consumido cannabis, cocaína, LSD, o peyote.. O incluso el nivel de conciencia de los pueblos de la prehistoria, de la grecia clásica, del oscuro medievo, de hoy en día o de seres humanos de dentro de mil años. Yendo aún más lejos podríamos llegar a hablar del nivel de conciencia de un lagarto, de un perro, de un chimpancé o un delfín.
La pregunta es: la realidad, la auténtica realidad ¿es aquella que percibe o considera uno de estos determinados grupos, el más númeroso? ¿O por el contrario puede estar constituida por lo que considera o percibe el grupo más reducido, incluso una única persona? (que normalmente sería tachada de loco por los demás)
En el comentario anterior hablábamos de diferentes niveles de conciencia en los seres humanos, con distancias tan enormes entre sí como la que existe entre un ser humano normal y un animal, y como la que podría existir entre un ser humano normal y uno extraordinario (supraconsciente). ¿Cuál es el límite para el ser humano yendo hacia arriba?
Hace unos años un matemático demostró el Teorema de Fermat, y las crónicas comentaron que solo 8 ó 10 personas en el mundo eran capaces de seguir el razonamiento empleado. Gracias a que estas 8 ó 10 personas acreditaron la validez de la demostración, ésta se consideró correcta. ¿10 personas frente a 6.000 millones incapaces de vislumbrar la verdad de la demostración?
Todo esto nos lleva a pensar que la realidad debe ser mucho más de lo que percibimos e incluso imaginamos. Nosotros percibimos e imaginamos lo que nuestra conciencia nos permite; al igual que un chimpancé, un niño de 3 años, un indígena no contactado o un genio de la lógica matemática percibirán cada uno la realidad atendiendo a su nivel de conciencia.
Así como el niño no ve, nosotros no vemos. Pero lo normal es que otros vean, o al menos se pueda llegar a ver. Y ¡¡qué ver¡¡ Desde otras dimensiones espaciales, temporales, o incluso lo más fascinante y a la vez aterrador: dimensiones que ni siquiera somos capaces de concebir (al igual que un perro no es capaz de concebir la curvatura del espacio-tiempo).
La aventura no es tanto qué hay más allá, sino más bien ¿qué hay que hacer para poder llegar a ver el más allá?
Seguiremos buscando

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